DIVINIDAD III
La imperiosa necesidad de Conectarnos conscientemente con el Orden Divino Universal, que Vibra en la Resonancia Amor Esencial del Universo, responde a la Necesidad Evolutiva que la humanidad tiene para alcanzar la Armonía Universal, que todos los mundos y sus humanidades deben alcanzar por Ley en su horizonte evolutivo.
Para ello la humanidad siempre recibió Enseñanzas y Conocimiento de la Realidad Divina por diferentes manifestaciones de la Verdad Una, de la Inmensa Sabiduría.
Veamos los siguientes párrafos de las Fuentes del Conocimiento de la Realidad Espiritual de Madú Jess:
“Todas las manifestaciones de todos los iniciados, pese a la aparente disparidad de caminos, todas tienen como vínculo común, como Vínculo Divino, como Vínculo Sagrado, el lazo de Amor y si las manifestaciones están vinculadas por este lazo, como no estarlo nosotros aquí al lado de la Fuente más Pura del Amor Divino.”
“Como es posible que piensen que después del Maestro Jesús podamos venir alguno de nosotros a hablar de otra cosa que no sea el Amor, cómo es posible que después de El, el corazón de ustedes no haya reventado en la Expansión del Amor hacia toda la humanidad.”
A través de la lectura, meditación y aplicación en nosotros mismos del Conocimiento de la Realidad Espiritual de Madú Jess, podemos encontrar todas las Enseñanzas que describen, las razones espirituales de porque la humanidad tiene esa imperiosa necesidad mencionada en líneas anteriores:
Pueden descargar todo el Conocimiento de la Realidad Espiritual de Madu Jess desde el siguiente enlace de nuestra web: https://www.serendivinidad.com/cev-basic/.
A continuación, les dejamos una clase dictada por Madú Jess en el año 1960 que está en afinidad con los documentos anteriores subidos en esta sección de nuestra web, en que abordamos la percepción de la Divinidad. Meditemos que la Sabiduría Es, un Aspecto Divino que Impulsa a la creación hacia la Verdad, Verdad que Es, como el Amor Es, como la Ley que Rige la Vida Es, como la Vida Es.
CLASE MAGISTRAL DICTADA POR MADÚ JESS
EN LA INAUGURACIÓN DE LOS CURSOS DE 1960
Buscar la Verdad es necesidad que se hace más apremiante a medida que el ser evoluciona. Buscar la Verdad cuando se está en un mundo como el nuestro, es hasta cierto punto difícil porque en nuestro mundo la Verdad está encubierta, porque en nuestro mundo la Verdad tiene forma.
Debemos sin embargo comprender que la Verdad no puede estar ausente de ningún mundo, y por lo tanto, tampoco puede estar ausente en nuestro mundo, porque la Verdad nos rodea y nos penetra. Todo lo que nos rodea, absolutamente todo, es Verdad. La Verdad sin embargo nosotros solamente podemos apreciarla a través de formas, formas que son en realidad apariencias de Verdad, y en la mayoría de los casos en nuestro mundo —mundo atrasado— esa apariencia no demuestra la realidad de la Verdad que interpreta sino, absolutamente lo inverso cuando no lo opuesto a esa Verdad.
Creemos que es Verdad, que existe en realidad, todo aquello que los sentidos físicos pueden captar, lo que vemos, lo que tocamos, lo que nuestro olfato denuncia, todo ello lo interpretamos como una Verdad, como una realidad irrefutable porque nuestros sentidos físicos lo evidencian; en cambio todo eso que nuestros sentidos físicos pueden evidenciar es nada más que apariencia, muchas veces repetimos, contraria a la realidad.
Cuando el espíritu que está en un mundo como el nuestro viviendo como hombre, tiene escasa evolución, la búsqueda de la Verdad no es una búsqueda intensa y apremiante como cuando el espíritu que está en el mundo es un espíritu de mayor evolución. Cuando el ser no tiene una Evolución adelantada la forma le satisface, vive para aquello que el mundo le brinda, y para aquello que puede ver, gustar y sentir a través de sus sentidos físicos; pero llega un momento en que ese espíritu ha evolucionado, en que al tener que vivir en un mundo de formas y de apariencias como el nuestro, no se siente satisfecho, no puede aceptar como verdadero aquello que sus sentidos denuncian, aquello que sus sentidos muestran, y es entonces que comienza la búsqueda dentro de sí mismo de la Verdad, la búsqueda de aquello que la apariencia esconde, la búsqueda de aquello que la apariencia deforma.
Es fácil sin embargo a quien tiene esa ansia de encontrar la Verdad, convencerse de la Realidad existente de esa Verdad; es decir, encontrar que la Verdad existe. Sólo es necesario concentrarse en sí mismo y cerrando los sentidos a los efectos externos, buscar en el alma las sensaciones que denuncian la realidad de algo que los sentidos no pueden manifestar ni captar.
En los momentos de concentración, aun cuando no sea una persona de Conocimiento Espiritual o de costumbres místicas, todos, todos, tenemos unos momentos de concentración en la vida, momentos en que pareciera que el alma nos llama, y entonces cerramos los ojos para ver mejor. Significa esto que el alma tiene una capacidad para ver y sentir aquello que escapa a la capacidad de ver y sentir de nuestros sentidos físicos externos.
Es pues dentro de nosotros mismos que podremos hallar, en principio, esa Verdad que el alma ansía y busca a través de largos peregrinajes muchas veces. La Verdad está en nosotros y está fuera de nosotros, pero más fácilmente la hallaremos en nosotros; en un principio, y luego recién, después de haber podido encontrarla en nosotros mismos, podremos entonces encontrarla ampliamente, evidentemente, en todo, absolutamente todo lo que nos rodea, lo que está cerca de nosotros y lo que está lejos de nosotros, lo que está en nuestro mundo y lo que está más allá de nuestro mundo.
Si nos encontramos repentina e inesperadamente contemplando una flor, por pequeña que fuere, extasiados en su belleza y en su perfume; tantas veces lo hemos hecho, pero habiendo ya tratado de penetrar en esa Verdad que buscamos, podemos mirar esa flor y aspirar ese perfume, con otros ojos, con otra sensación; con esos ojos y esa sensación interna que nos proporciona el alma. Encontraremos en esa flor pequeña, hermosa, olorosa, la Verdad que buscamos, porque ¿qué es capaz de crear una flor como esa? ¿quién es el artífice o el científico que puede crear de la nada una flor? Eso escapa absolutamente a la capacidad humana; por lo tanto, eso que escapa a la capacidad humana, pertenece a la capacidad de "algo" que no conocemos, que no vemos, que nuestros sentidos no pueden captar, y ese algo es, la Verdad.
Si miramos hacia arriba, hacia lo que llamamos cielo, hacia ese firmamento que nos muestra un sol esplendoroso, una luna encantadora, unas estrellas rutilantes, nos embelesamos primero, nos conmueve después. ¿Por qué? porque nos encontramos ya con algo infinitamente superior a lo humano, con algo que por su grandiosidad, por su hermosura, por su perfección, nos llama hacia lo Superior, hacia aquello que evade ya la forma, hacia aquello que no puede ni podrá ser jamás humano.
Además de la belleza y de la magnitud y magnificencia de ese firmamento estrellado, debemos ver en él el orden perfecto que reina en el movimiento constante e ininterrumpido de esos astros que jamás pierden el ritmo que les ha sido asignado, y que a través de los milenios y milenios continúan siempre la trayectoria que "Alguien “o "Algo" les ha marcado. Decimos "Alguien" o "Algo". "Alguien" es personalizar y al personalizar estamos dando forma, y al dar forma aun cuando sólo fuere una palabra, le llamamos Dios.
Es cómodo para el humano el pensar en la existencia de un Dios Hacedor de todo lo que constituye Dador de todos los bienes; esa es una necesidad para el principiante, pensar y creer en un Dios que dirige todo el movimiento del mundo, pero eso sería personalizar lo que no puede jamás ser personalizado, porque lo que llamamos Dios es la Vida misma, es la Vida que se manifiesta en todo lo que existe, es la Vida que se expresa con la forma y más allá de la forma, es la Vida que late en nuestro corazón y late —empleando términos humanos— también en nuestra alma, en nuestra mente, en nuestros deseos y esperanzas, en nuestros sinsabores, en nuestros dolores, en nuestras alegrías.
La Vida late constantemente con el ritmo que corresponde a cada mundo, a cada lugar, a cada punto del Universo. Esa Vida que se expresa con tan distintas formas, la Vida late al ritmo que se expresa en distintos puntos del Universo, que se expresa en tan diferentes maneras. Vida es Dios, esa Vida es la Verdad.
La Verdad que buscamos constantemente porque hacia ella debemos ir, la Verdad que nos atrae desde el mismo momento en que nacemos espiritualmente a la Vida. La Verdad - Espíritu Partícula - que nos recibe cuando habiendo logrado ya todo lo que nuestra experiencia puede darnos, nos reintegramos nuevamente a ella y nunca, jamás, dejamos de Ser, lo que ha sido, Es y Será eternamente, así como nosotros Somos y Seremos, eternamente, esa es la Verdad. Lo demás, el aspecto de forma, ese aspecto que nosotros tanto amamos, que tanto cuidamos, que tanto halagamos, eso no es nada más que una apariencia de Verdad.
El mundo en general ignora esto que estamos diciendo y por ello da el primer lugar a la apariencia, desestimando la Verdad que necesita conocer, y todos sus esfuerzos y todos sus afanes son para la apariencia de verdad, para esto que dura tan poco tiempo si lo comparamos con la Eternidad de la Verdad que necesitamos encontrar.
La apariencia que nos da la forma no es ni puede ser jamás enemiga de la Verdad sino su instrumento, el instrumento que esa Verdad necesita para manifestarse y para experimentarse; pero en un mundo como el nuestro en el cual las mentes son tan limitadas, que pocas veces alcanzamos a comprender la realidad y comprender la Verdad existente en nosotros; esa apariencia de verdad, esa forma que nos envuelve, esa forma que tanto amamos nos domina, nos lleva por los senderos más desviados haciéndonos olvidar una y otra vez, nuestra verdadera necesidad de encontrar y vivir en la Verdad.
Pensemos cuántas veces hemos tratado de encontrar en nosotros la Realidad Existente, antes de iniciarnos en el camino espiritual muy pocas veces; por el contrario, nos tomamos tiempo para concentrarnos y pensar en la posibilidad de algo superior a aquello que nos rodea con formas y nos absorbe como materia. En esas condiciones está la mayoría de la humanidad, viven para la apariencia, viven para la forma, se afanan, luchan y hasta enferman por dar a esa apariencia de Verdad, a esa forma cuya única finalidad es la de ser el instrumento de la Verdad; todo el halago y todo el bienestar que el mundo puede lograr puede ofrecer, para lograr lo cual no escatiman esfuerzo y muchas veces no escatiman malas acciones.
¿Qué significa una vida humana precaria, breve, en relación con la Verdad Eterna que está en nosotros? Solamente un momento en esa Eternidad, solamente un momento, un momento que debemos aprovechar al máximo para poder utilizarlo en bien de esa Verdad Eterna que constituimos cada uno de nosotros.
El ansia por acercarse a la Verdad despierta repentinamente en ciertos seres y es entonces que empieza su peregrinaje tratando de encontrar algo que satisfaga plenamente el ansia que el alma siente, y de nuevo la apariencia entorpece el camino, y llegan y golpean en una puerta y otra puerta, y en cada una sólo la apariencia responde, el engaño, la frustración, cuando no el embuste premeditado. Es así que el alma en forma humana transita por el mundo ansiosa de encontrar la Verdad, transita por el mundo buscando la Verdad hasta que logra encontrar esa Verdad con la sencillez con que la Verdad se expresa, con la simplicidad con que la Verdad se da.
Es por eso es sumamente importante para quien busca la Verdad no dejarse engañar por la apariencia, penetrar o tratar de penetrar al fondo de la Verdad que se le ofrece como tal, desestimando todo lo que sea apariencia de Verdad, para llegar al fondo de lo que se le ofrece y encontrar si es Verdad. Quien da es humilde, quien la da es Amoroso porque la Verdad es Amor y el Amor es siempre humilde.
Buscar la Verdad se hace cada día una necesidad más imperiosa porque el mundo vive en el engaño además de vivir en la apariencia. El engaño se ha hecho casi una norma de vida y no sólo se engañan los hombres individualmente, sino que se engañan los países y se engañan los grupos; el engaño está en todas partes revistiendo los ropajes más diversos para tratar de captar y ganar hacia sí, a aquel que busca realmente la Verdad.
Por eso repetimos que aquel que busca la Verdad debe analizar minuciosamente la Verdad que se le ofrece como tal y tratar de encontrar bajo cualquier ropaje la esencia íntima de aquello que se le pretende dar.
La Verdad, repetimos, es Amor y humildad.
Buscar la Verdad es una necesidad porque la Verdad golpea con su fuerza en nuestra Alma y en nuestra Mente Espiritual; nuestra Alma y nuestra Mente Espiritual utilizan como instrumento de acción, nuestra alma y nuestra mente humana, en consecuencia, el ansia que siente nuestra alma humana, el deseo vehemente de nuestra mente humana de encontrar la Verdad, no es nada más que la necesidad de nuestro propio espíritu constituido por nuestra mente y nuestra Alma Espiritual de encontrar la vibración que le responda íntegramente, es decir, la Vibración de Verdad, porque todos y cada uno de nosotros somos la Verdad; la Verdad está dentro de nosotros y fuera de nosotros, por lo tanto, esa Verdad que está Verdad que está dentro de nosotros necesita ineludiblemente conectarse con la Verdad que está fuera de nosotros para poder así realizar la vida humana como un medio y una forma de progreso espiritual.
Quien transita por la vida, quien termina ese tránsito terreno sin haberse conectado jamás con la Verdad, ha realizado una vida completamente inútil para su progreso espiritual. Los llamados del mundo son tan intensos; lo que nos ofrece, las tentaciones a nuestro amor propio, a nuestra vanidad, a nuestros placeres son tan constantes, que, en ellos, muchísimos hombres transitan por el mundo sin haber hallado jamás la Verdad porque jamás tampoco sintieron en su alma la necesidad de buscarla.
Pero quien consciente de su Realidad Espiritual, consciente que más allá de la forma que nos muestra la vida humana, existe "Algo" que por ser sin forma no pueden nuestros sentidos captar, pero cuya Fuerza, cuya Realidad es muchísimas veces, infinitas veces superior a la forma que vemos, quien tiene la sensación de esa Realidad, ya, poco a poco se va desprendiendo de los halagos, de las necesidades y apremios que la forma que la apariencia humana le impone, se va capacitando cada vez para ubicarse con esa verdad. Es menester que día a día meditemos sobre la necesidad de encontrar la Verdad que buscamos en nosotros y más allá de nosotros; cuando hayamos encontrado la Verdad en nosotros mismos, tratemos de expandir esa Verdad que hemos encontrado, a fin de unirla, a la Verdad existente en todo, entonces ya no nos sentiremos pequeños, entonces ya no nos sentiremos limitados a un mundo que navega en el Espacio Sideral, ya no nos sintiéramos poco menos que nada ante la magnitud del Universo que podemos más o menos imaginar mirando el cielo estrellado, porque entonces nos sentiremos unidos a ese Todo inconmensurable, unidos a ese Todo infinito; y si bien tendríamos la noción exacta de la pequeñez humana, tendríamos también la sensación más o menos escasa de la inmensidad de esa Verdad a la cual pertenecemos y en la cual estamos.
Decimos estamos, y en realidad sólo utilizamos este término para que nuestra mente humana pueda comprender mejor. La palabra exacta sería — somos — La Verdad Es y en Ella todos nosotros Somos. En este mundo de formas solamente — estamos — y estamos transitoriamente, estamos como un medio de progreso y de avanzar y no como un medio de disfrutar solamente la Vida Humana. El tratar de encontrarse a sí mismo y de ubicarse en la Verdad omniabarcante, no significa que debamos despreciar todo lo que es forma, todo lo que constituye la vida humana, aun cuando sea apariencia.
Si estamos en un mundo de forma, significa que la forma debe servir a la Verdad, debe servir de instrumento de acción para su progreso, y si la Bondad de Eso que llamamos Dios, es decir, el Amor Universal, nos envía a un mundo como éste, en el que debemos vivir como humanos agrupados en familias, en grupos diferentes, disfrutemos esa familia, disfrutemos el placer espiritual de amarnos, además de como hermanos universales, como verdaderos hermanos humanos, disfrutemos de todo lo bello y hermoso que como reflejo de la Verdad existe en el mundo, pero aprendamos a discernir, aprendamos a discernir para poder comprender y discriminar qué es lo que podemos disfrutar y será siempre en beneficio de nuestro espíritu y qué es lo que no debemos tratar de disfrutar porque será en perjuicio de nuestro espíritu.
Disfrutar el placer del Amor verdadero, del Amor puro que es el reflejo del Amor Universal, es un placer que no nos niega la vida. Por el contrario la vida nos lo prodiga y si muchas veces no logramos disfrutarlo en nuestra calidad humana, no es porque la vida nos lo niegue sino que es porque el hombre ha subvertido los valores, ha invertido los afectos y los valores, y en vez de dar primacía al Amor verdadero, ha dado y continúa dando primacía al amor humano, al amor sensual, al amor de familia en el aspecto recto del amor propio como su familia y no como la familia humana que todos constituimos.
Ubicarnos en el verdadero punto que corresponde ubicarse en este mundo de formas y apariencias, podremos, viviendo en la Verdad Espiritual, disfrutar y vivir la apariencia humana en forma sumamente feliz. Todo lo que nos niega la felicidad en el mundo, es obra y consecuencia exclusiva de los hombres, de los hombres del pasado, de los hombres del presente, pero siempre obra humana, jamás obra de la Verdad ni obra de lo que llamamos Dios.
Es menester pues para aquellos que ya han encontrado el Camino Espiritual, ayudar a esos hermanos que aún buscan la Verdad sin encontrarla, ayudarles a que encuentren el camino que habrá de conducirles a Ella, instruirles sobre la forma cómo deben discernir antes de entregarse a ningún Camino espiritual, y ayudarles a que tengan la fe imprescindible para encontrar ese camino espiritual que habrá de conducirles a la Verdad.
Para encontrar la Verdad pues, necesitamos fe imprescindible para encontrarla, fe para aceptar aquello que difiera del análisis del que ya hemos hablado si nos da, aun cuando muchas veces no podamos profundizarlo en un comienzo. Para ello es necesario la fe, porque la Verdad aun cuando se dé en forma sencilla, es tan y tan profunda, tan y tan amplia, que las palabras no alcanzan casi nunca a expresarla en la forma que deseáramos recibirla.
Por lo tanto, habiendo ya realizado el análisis teniendo la seguridad de que en ese camino se nos da la Verdad, Amor y con humildad, es menester que nazca en nuestra alma la fe, porque la fe nos dará la fuerza para perseverar en el camino hasta tanto nuestra mente humana tan limitada, haya alcanzado la expansión necesaria como para poder comprender la Verdad que se nos da.
Necesitamos también para encontrar la Verdad, Amor; quien busca la Verdad sin Amor, jamás podrá encontrarla, ¿por qué? porque la Verdad es Amor, y por Ley de Afinidad el Amor se acerca al Amor, pero el Amor no puede darse al desamor en el aspecto de la Verdad a que nos estamos refiriendo, por lo tanto, para encontrar la Verdad que buscamos, repetimos, es necesaria la fe y el Amor.
Con la fe y el Amor podremos acercarnos a esta Verdad por el camino que es el Conocimiento, porque por mucha fe y mucho Amor que tengamos, si no recibimos el Conocimiento no podremos encontrar la Verdad que buscamos; podremos sentirla, pero no podremos comprenderla; podremos tal vez vivir en ella por nuestro íntimo y profundo Amor a todos, pero no la comprenderemos ampliamente tal como necesitamos comprenderla, no sólo para vivirla sino también para ayudar a los demás a vivir esa Verdad, porque si como dijimos recién, es necesario buscar la Verdad con Amor, ese Amor debe proyectarse sobre todo el Universo y directamente sobre todos nuestros hermanos —los seres humano— en consecuencia, necesitamos el Conocimiento de la Verdad para que ese Conocimiento nos sirva para ayudar a los demás a encontrar lo que nosotros buscamos y que los demás tarde o temprano también deberán buscar.
Nadie puede decirse jamás, absoluto o único poseedor de la Verdad.
Después de estas palabras que acabamos de expresar podemos darnos cuenta de que la Verdad es todo lo que existe porque la Verdad es la Vida. ¿Quién puede entonces limitar la Verdad, limitar la Vida o digamos limitar a Dios? que son todas palabras equivalentes, a un grupo, a una religión. La Verdad sobrepasa los límites de nuestra mente, sobrepasa los límites de nuestra alma, de nuestro mundo, por lo tanto, nadie ni individual ni colectivamente, puede decirse y menos sentirse, único poseedor de la Verdad.
La Verdad nos rodea y nos llama, sólo es menester que estemos en la condición espiritual necesaria para reconocerla y responder a ella. ¿Cómo podemos reconocer y responder a la Verdad? Sólo es necesario palabras, sólo es necesario sentirla. La Verdad, cuando se está ya preparado para ello, se siente dentro de nosotros mismos, porque la Verdad como todo lo que existe vibra, como vibramos nosotros también, pero vibra diferentemente, vibra en una frecuencia inaccesible para nuestra calidad de humanos, pero no inaccesible para nuestra calidad de espíritus; por lo tanto, si hemos logrado dar a nuestro espíritu la fuerza necesaria para poder ponerse en armonía con la Vibración de la Verdad, no serán necesarias palabras, ni serán necesarios rituales, ni será necesaria ceremonia alguna. Solamente será necesario concentrarse para unirse a esa Verdad omniabarcante y sentirla en lo íntimo, en lo profundo de nuestro ser. En esa forma es que debemos buscar la Verdad, esa Verdad
que tanto buscamos fuera de nosotros mismos y que la tenemos dentro de nosotros mismos.
Aprendamos a encontrar la Verdad dentro de nosotros mismos purificándonos mental y emocionalmente, tratando de ser día a día más capaces de vibrar en armonía con la Verdad, tratando de ser cada día un poco mejor, y en esa forma lograremos ponernos en las condiciones necesarias para que nuestro espíritu vibrando en su propia y pura vibración, logre captar y unirse a la Vibración Universal de la Verdad y vivir conscientemente en esa Verdad que fuera de nosotros estamos buscando y que está en lo íntimo, en lo profundo de nuestro ser.
Madú Jess