VIDA QUE ACOMPAÑA A LA VIDA

Todo en el universo está conectado por una Energía Divina que da origen tanto a la vida que evoluciona (como los seres humanos) como a la Vida que la acompaña como los soles, planetas y elementos naturales. A esta última se la llama Vida no evolucionante, y cumple la función de crear el escenario necesario para que la Vida evolucionante realice sus Experiencias Evolutivas.

Esta vida acompañante surge también de la Divinidad, que Proyecta su Energía al Todo Experiencial, a todos sus Niveles de Existencia que van desde los Planos más sutiles hasta los más densos, como en el que se encuentra el mundo físico que habitamos. Todo lo que existe forma parte del Movimiento de la Vida Universal y sigue un Patrón Esencial que se repite en todos los niveles y que responde a los designios de la Mente Divina Universal.

Uno de los elementos más importantes de este acompañamiento a la Vida Evolucionante es el Sol. Desde la visión espiritual, no es solo un foco de luz y calor físico, sino un centro de Energía Divina que irradia las Vibraciones necesarias para que los planetas (como la Tierra) puedan existir y evolucionar. Según las Enseñanzas de Madú Jess, el Sol puede verse como una Manifestación Crística, un Canal Espiritual de Guía y transformación. Veamos el siguiente párrafo de las Fuentes del Conocimiento de Madú Jess:

“El conjunto de vibraciones que encierran determinadas fuerzas, cuya manifestación puede ser física o espiritual, es lo que determina, a través de los milenios, núcleos que, dentro de la Voluntad Divina, están destinados a conformar sistemas planetarios. Estos núcleos son los que, siguiendo la Voluntad de Dios expresada en Sus Leyes, se transforman en focos de irradiación y de atracción de fuerzas; de todas las Fuerzas necesarias para la realización del Plan Divino al conformar esos sistemas planetarios que deberán recibir la vida de ese punto central que viene a conformar el Sol del cual dependen. Así, estas conformaciones se realizan dentro de las Leyes, dentro, también, por lo tanto, de la Ley de Jerarquía. Es decir, que ese Sol es para los planetas de su sistema el elevado punto jerárquico que constituye el origen y la irradiación de las Fuerzas necesarias para su conformación física presente y futura. Esos núcleos o Soles, que formara la mente de Dios, que es conjunción de Amor de Poder y de Luz, reciben siempre, a través de la Ley de Jerarquía, todas las vibraciones necesarias para la realización del plan concebido por la mente Divina. Es decir, que aquel núcleo que debe ser el Sol contiene en sí todos los elementos vibratorios necesarios para la formación de los planetas que habrán de conformar su Sistema. Es algo así como la Madre de los planetas, y de él se desprenden las fuerzas, las vibraciones y todo lo que habrá de conformar el planeta que, por la fuerza de irradiación, comienza inmediatamente su movimiento, que está regido desde ese mismo momento por la atracción y la irradiación del Sol. Y así van naciendo los planetas, y cada uno de ellos tiene su movimiento propio que determina una órbita constante alrededor del foco de irradiación solar. La distancia que media entre cada uno de esos planetas y su Sol, así como también su tamaño y su característica principal, dependen de algo muy sutil, una fuerza especialísima contenida en el Sol que, dentro de sus vibraciones al efectuar la irradiación del conjunto, puede tomar una repercusión mayor o menor, de acuerdo con su propio momento vibratorio. De ahí la diferencia en tamaño de los diferentes planetas de un mismo sistema solar y también la distancia al Sol de unos y otros.”

Cada planeta nace con todo lo necesario para servir a la Vida Evolucionante que primero realiza la Etapa Involutiva y luego la Etapa Evolutiva (de elevación espiritual y sutilización). En ese tránsito, también el planeta cambia su vibración y va haciendo posible la presencia de seres más sutiles y elevados. Veamos la siguientes enseñanzas de las Fuentes del Conocimiento de Madú Jess:

“En su nacimiento cada planeta es exactamente igual en lo que podría llamarse su “sustancia” a los demás, y todos deben seguir la misma trayectoria para alcanzar las mismas superaciones. Las vibraciones conjuntas, que representan fuerzas en ellas, al separarse del Sol, que vendría a ser su “madre”, llevan en sí todas las necesidades correspondientes a su vida completa de involución y de evolución; vale decir, que, al comenzar su cristalización como planeta físico, contienen dentro de sí todas las fuerzas necesarias para las diferentes etapas que ese planeta deberá ir superando, fuerzas que van siendo puestas en manifestación en el momento preciso marcado dentro de las Leyes.”

“Los planetas pueden ser considerados como entes físicos que tienen, sin embargo, su espíritu propio, pero el espíritu del planeta no es una entidad, sino que es un conjunto de Fuerzas espirituales contenidas dentro de él, y que son las que van marcando las distintas etapas que va logrando el planeta en su desarrollo y en su evolución, en el momento preciso que corresponde a las Leyes Divinas. Las diferentes etapas se van sucediendo dentro de las dos etapas primordiales, la involutiva y la evolutiva, y estas diferentes etapas secundarias, aun cuando de suma importancia, pueden tener cierta elasticidad en su continuidad; elasticidad que significa una adaptación de las fuerzas que van surgiendo al estado “ambiental” del planeta, sin producir catástrofes de gran consideración. Pero el paso de la etapa involutiva a la etapa evolutiva, es decir, de la etapa material a la etapa espiritual, es de mucha mayor importancia, y las fuerzas que deben tomar contacto con lo exterior, que deben aflorar de lo íntimo del planeta, son de tal naturaleza y de tal potencia que necesitan irremisiblemente la armonía vibratoria del planeta para no producir terribles catástrofes.”

Hoy, la humanidad está viviendo ese cambio: estamos pasando de una etapa material a una etapa espiritual. Este proceso de Sutilización requiere Armonía Vibratoria y Apertura Espiritual, porque al despertar ciertas Energías internas del planeta, también se activan Centros Espirituales en nosotros que nos conectan con Planos Superiores.

Este momento de transformación ha sido acompañado desde hace siglos por la Acción de Seres Espirituales elevados que dejaron sus Fuerzas Protectoras en la Tierra. Por eso, cada experiencia que vivimos es una oportunidad para alinearnos con la Divinidad y con la Ley del Amor que Rige el Universo.

La espiritualización de los seres y de los planetas lleva milenios, pero el tiempo no existe en los planos superiores. A medida que nos Elevamos Espiritualmente, adquirimos más dicha y mayor Capacidad de Acción Espiritual. El Trabajo Espiritual no es una carga, sino una Manifestacion de nuestra Esencia Divina. 

Veamos los siguientes párrafos de las Fuentes del Conocimiento de Madú Jess:

“Al proceso de espiritualización considerémoslo como el proceso de la etapa de evolución que tiene la sutilización, la sublimación y la Divinización, vale decir la Reintegración a la Divinidad. Milenios y milenios y más milenios transcurrirán antes de que los seres que viven en los planos físicos puedan llegar a esa etapa definitiva. Pero ya sabéis, y os lo repito nuevamente, que el tiempo no existe en el Espacio, que el trabajo es constante, y que cuanto más os espiritualicéis, cuanto más os sutilicéis, más dicha encontraréis en vuestra Tarea, Tarea que, a la vez, se irá también intensificando, pero no como una carga sobre vuestros hombros, sino como una capacidad de vuestros espíritus. Cuanto más os elevéis, cuanto más os acerquéis a la Divinidad, más capacidad tendréis, porque iréis conformando cada vez más intensamente la unificación de millones de vibraciones constructivas y realizadoras, que podréis utilizar mediante vuestra mente y vuestra voluntad. Y así trabajaréis y trabajaréis, y en los Planos Divinos seguiréis trabajando cada vez con mayor intensidad, cada vez con mayor felicidad, realizando, en comunión y en unificación con miles y miles de otros seres, las Tareas más maravillosas que podéis imaginar, o más bien, que no podéis imaginar.”

“Esa es la finalidad de la Vida. El trabajo es una Ley constante; cuanto más os capacitéis para el trabajo, más felicidad experimentaréis. Esos conceptos, que son los reales, deben llegar a penetrar en la mente de los seres humanos para que logren un destello siquiera de la Verdad que los ayude a vivir de acuerdo con la Ley, que los ayude a encontrar el camino de su propia felicidad, que los ayude a comprender la realidad de su propia existencia.”

“Los conceptos verdaderos deben ser traídos a los seres humanos, pero para que los seres humanos puedan comprenderlos es necesario capacitarlos por el conocimiento. En esa Tarea estáis, y a esa Tarea debéis dedicaros con todas vuestras fuerzas y dedicar todos vuestros esfuerzos, porque es la base sobre la cual podrá la Humanidad vivir su futuro de evolución, que significará Unificación, Armonía y Paz.”


Por ultimo podemos mencionar que todo lo que existe está atravesado por una misma Energía Divina: es lo que las enseñanzas llaman el Gran Maná. Este Gran Maná es la fuerza que une lo visible con lo invisible, lo material con lo espiritual. Es la Presencia Divina en todo lo que existe, y nos recuerda que todo forma parte del Todo.

Reconocer el Gran Maná es reconocer que el universo entero está vivo, que la materia es una forma condensada de vibraciones, y que todo tiende a volver a su Origen Divino. Actuar con respeto, amor y conciencia es alinearse con esta Energía que nos dio la vida y nos Guía hacia nuestra evolución.